sábado, 24 de agosto de 2019

Joven Perdido


El joven se siente desamparado, incapaz de entender, mientras la presión y su espíritu se rinden a la desolación existencial. Todo propósito, todos aquellos ideales en los que tan fervientemente creyó, siguió y hasta defendió con toda braveza se desmoronan sin más, dejando ruinas en su alma, piedras que duelen, la decepcionante realidad. Su mundo se tambalea, sus amistades peligran, y el no sabe hacía donde fijar el rumbo, todavía.
La noche lo envuelve, también de día. Su carácter se oscurece, el miedo a la nada le impide ser optimista y un creciente resentimiento brota en su corazón, impidiéndole disfrutar de la vida. La gente lo mira, lo señala, le ordena sus próximos pasos, más el se niega, llega a montar en cólera y acaba solo, aislado de su entorno, asqueado de su vida, consciente de la incertidumbre más devastadora. Ahora su existencia no es más que vacío, odia su propia suerte y desea huir, tan lejos que no se le pueda encontrar, refugiado en algún recóndito lugar del planeta, como si aquello le ayudara a acabar con sus demonios. El joven no entiende que es el mismo quien debe decidir, quien debe responder a su crisis existencial y abandonar todo sentimentalismo que lo único que consigue es perforarle de forma cíclica su mente. Debe reflexionar, olvidándose de toda preocupación, de toda persona, de toda influencia eterna, poner en marcha su cabeza y, de una vez por todas, tomar el mejor camino para él, que lo ayude a desarrollarse y tener éxito. Entonces el joven, sin necesidad de sentirse engullido por la tierra, podrá determinar el rumbo que quiere para su vida, su futuro.

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